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Crónica del terrible crimen contra Danna Sofía

Detrás de esta macabra historia estaría una red de explotación sexual de niñas y adolescentes

El día que descubrieron el cuerpo sin vida de la niña Danna Sofía de tan solo 9 añitos, los investigadores que la buscaban desesperadamente tras ser declarada como desaparecida, quedaron estupefactos ante la macabra escena con la que se enfrentaron en la habitación del inquilinato del barrio San Pedro Alejandrino.

Todos quedaron asombrados frente a tanta crueldad que solo se compara con uno de esos brutales crímenes caracterizados en las películas de Hollywood. Pero junto a los cuerpos ensangrentados de la pequeña y su tío cómplice del acto, quedó tendida una larga cadena de interrogantes. No era algo tan simple como lo explicó inicialmente a las autoridades el padre de una de las víctimas, quien se encontró de frente con los investigadores y ahora resulta ser el más grave implicado.

Esta es la razón principal por la que fue convocado un grupo especial para que ese mismo día desde Bogotá llegaran a Ibagué a develar cada minuto vivido y sufrido por la pequeña desde que salió de su casa con su querido familiar. Su propio tío la llevó de la mano hacia una muerte atroz.

Aproximadamente una hora después de decirle a su mamá que iba para la tienda, la niña algo esquiva y temerosa ingresó al que sería el horrendo lugar del crimen.  Al inquilinato entró en compañía de su tío y del hombre que los estaba esperando en un taxi en el barrio Jardín Atolsure, donde vivía con su señora madre. Los tres caminaron desde la calle 25 con carrera primera, donde descendieron del vehículo amarillo. El sujeto, ya capturado e identificado como José Wilson Barreto, iba delante de ellos camuflado con una gorra y un tapabocas, con el visible propósito de ocultar su rostro.

Al mismo tiempo, pero en el barrio Jardín, la madre ya desesperada presentía que algo nada bueno sucedía con su hija. Así decidió acudir directamente a las instalaciones del Distrito Uno de la Policía Metropolitana de Ibagué, ubicadas en la avenida del Ferrocarril con calle 23. De inmediato se lanzó la alerta general para activar su búsqueda. Geográficamente en ese momento estuvo muy cerca de su pequeña. Pero casi 20 horas después la angustia y la zozobra se convirtieron en indescriptible dolor.

Desde mucho antes ya estaba sentenciado el terrible destino fijado por un macabro plan. El desarrollo de las investigaciones ha comprobado que la niña, a quien le decían “La Princesita”, desde un principio estaba siendo utilizada, al parecer por una temible organización dedicada a la explotación sexual de menores de edad. En los folios del proceso hay fotos y videos de la niña Danna Sofía que vía celular fueron compartidos con varias personas incluyendo el capturado José Wilson Barreto quien está gravemente incriminado en el trágico desenlace de esta dolorosa historia.

Hay celulares utilizados para las repudiables prácticas que fueron hallados el jueves pasado en la escena de los crímenes. En la habitación donde hallaron los cuerpos de la niña y los dos hombres jóvenes, fueron destruidos esos aparatos. Aparentemente José Wilson lo hizo tratando de desaparecer evidencias que de todas maneras hoy lo están involucrando seriamente en los asesinatos. 

Ese día muy temprano en la mañana los investigadores que asumieron inicialmente el caso, montaron y realizaron el operativo con la esperanza de rescatar a Danna Sofía. Ya habían establecido con precisión el lugar donde estaba la niña al hacer el riguroso seguimiento, apoyados en las cámaras de vigilancia instaladas tanto en Jardín Atolsure, como en la calle 25, en el mismo barrio San Pedro Alejandrino. 

Los datos entregados por el taxista que los transportó fueron determinantes para llegar hasta el inquilinato. Él confirmó a los detectives que en efecto había visto a la niña con el joven que sería su tío y la tercera persona que los acompañaba. Por ello localizaron la vieja edificación construida en los extensos lotes característicos de ese barrio tristemente recordado. Golpearon varias puertas hasta toparse de frente con el implicado, quien evadió su responsabilidad tratando de desviar la investigación indicando que su hijo lo había llamado a comentarle que algo terrible había sucedido y que sorprendido había encontrado los tres cuerpos sin vida. Que su hijo se había envenenado.

La aterradora escena no concordaba fielmente con el testimonio del sujeto que por orden de un juez, debe ir a la cárcel. La niña y su tío, que tenía las manos amarradas hacia atrás, presentan rastros de haber atacados y numerosas heridas producidas con arma cortopunzante. Los detalles de lo ocurrido en la marcada habitación son inenarrables. No se pueden decir, sobre todo por respeto.

A José Wilson Barreto Rodríguez, ante la contundencia del material probatorio presentado por la Fiscalía, un juez de control de garantías de Ibagué, lo envió a la cárcel como principal sospechoso de la muerte una niña de 9 años y su tío de 22. Está procesado por los delitos de feminicidio agravado, homicidio agravado y ocultamiento, alternación o destrucción de material probatorio. El sujeto sin embargo no aceptó los cargos.

La investigación no termina. Hay otras personas implicadas en estas horrendas prácticas que terminaron con el más espantoso crimen registrado en la reciente historia de Ibagué. La minucia de las investigaciones dice mucho más de lo que aquí se ha escrito. El objetivo indeclinable es lograr el castigo severo y máximo posible contra cada persona responsable de este desagradable episodio, que un 9 de febrero en su día, puso a los periodistas a meditar más en los niños y en sus propios niños.

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