
#Historia / Esta finca ubicada en la vereda Horizonte de Chaparral, será una de las protagonistas de la Feria Internacional del Café que se realizará en agosto en el sur del Tolima, donde compradores internacionales y visitantes conocerán cómo el café se convirtió en símbolo de esperanza, resistencia y reconciliación en medio de la violencia.
En las montañas del sur del Tolima, bajo las estribaciones del páramo Gloria Valencia de Castaño, existe una historia donde el café se convirtió en refugio, resistencia y reconciliación.

En la vereda Horizonte, zona rural de Chaparral, La Trinchera, una finca cafetera que desde 1963 pertenece a la familia de Jhon Otavo, guarda los recuerdos de una época marcada por la violencia, pero también la memoria de una comunidad campesina que nunca perdió la esperanza.
Durante los años más difíciles del conflicto armado, cuando muchas familias tuvieron que abandonar sus hogares o buscar dónde protegerse, La Trinchera abrió sus puertas para resguardar vidas. Allí, en medio del miedo y la incertidumbre, la familia Otavo ayudó a muchas personas a encontrar refugio y una oportunidad para seguir adelante.
Pero mientras la violencia golpeaba el territorio, hubo algo que nunca dejó de producir: el café.
Los cultivos continuaron creciendo y dando fruto aun en medio de la guerra, convirtiéndose en símbolo de permanencia y esperanza para las familias campesinas.
En Chaparral, el café no permitió la repetición del abandono ni la pérdida total de la esperanza.
“El café nunca dejó de producir esperanza”, resume hoy Jhon Otavo, caficultor, barista y líder de procesos con productores de la región.

Décadas después, las nuevas generaciones de la familia encuentran precisamente en esos mismos árboles que sobrevivieron al conflicto una oportunidad empresarial y social.
Lo que antes fue un refugio seguro contra la violencia hoy se transforma en un escenario de construcción de territorio, fortalecimiento del tejido social y empalme generacional.
Desde La Trinchera se trabaja para incluir a los jóvenes en procesos alrededor del café, demostrando que desde el sentir de la comunidad campesina es posible aportar para que las presentes y futuras generaciones encuentren oportunidades reales en el campo.
En medio de los paisajes cafeteros del sur del Tolima, también se adelantan procesos junto a personas que decidieron reincorporarse a la vida civil, promoviendo la apropiación del territorio y fortaleciendo la reconciliación alrededor de la cultura cafetera.
La finca produce variedades especiales como Geisha, Java, SL-28, Pacamara, Variedad Colombia y Castillo, cafés con los que la familia Otavo busca mostrarle al país y al mundo el potencial productivo y humano del sur del Tolima.
Para Jhon Otavo, el café debe asumirse como una profesión y no como una salida temporal ante las dificultades económicas. “El cafetero no debe ver el café como un escampadero, sino como una verdadera oportunidad de negocio”, asegura.
Esa visión será una de las protagonistas de la Feria Internacional del Café que se realizará en agosto en Chaparral.
Para Otavo, el evento representa mucho más que la posibilidad de hacer negocios o mostrar cafés especiales; también será una oportunidad para contar la realidad del trabajo de las familias cafeteras y el verdadero significado del territorio.
“La feria permitirá mostrarle al mundo lo que nuestra gente tiene para contar”, afirma.
La Trinchera recibirá compradores internacionales que además vivirán una experiencia de turismo rural alrededor de los procesos del café, aprovechando las historias ancestrales, la memoria campesina y los bellos paisajes que rodean esta zona del Tolima.
En Chaparral, donde la violencia intentó silenciar durante años la vida rural, el café permaneció. Y entre montañas, cafetales y generaciones que decidieron quedarse en el territorio, sigue produciendo algo más valioso que cualquier cosecha: esperanza.




